Moriscos de carne y hueso

SEBASTIAN DE CARMONA Y MARIA DE SORIA, MORISCOS DE LOS GRANADINOS DE CIUDAD REAL QUE VIVIAN EN EL PALOMAR


Cuando se elaboran los listados de los moriscos de Castilla que serán expulsados en 1610, la Corona autoriza que aquellos que no fueran declarados pobres y tuvierann propiedades pudierann llevarse consigo al exilio la mitad del valor de sus bienes, quedando la otra mitad para la Hacienda Real.

En aquel momento, estaban alistados en Ciudad Real en la Parroquia de Santa Maria del Prado,  una familia de moriscos granadinos,Sebastian de Carmona y su esposa Maria de Soria, junto sus dos hijas: Brianda, nacida el 28 de Febrero de 1606 y su hermana Maria nacida el 9 de Mayo de 1599.Tienen una modesta economía que es tasada en 1.203,33 maravedís, pero no son pobres. Las notas del párroco dicen que viven en El Palomar una finca donde se levantaba un imponente edificio construido para la cría de palomas habilitados para la cría de mas de 10.000 nidos.

 ¿Era Sebastián el palomero encargado del edificio?


Santa Maria del Prado en Ciudad Real

Maria tenía una amplia familia del mismo origen y apellido. Su hermana Isabel es la madrina de su última hija.Por su parte, los Carmona, suman mas de 100 personas de ese apellido, emparentado con los Enríquez, los Camacho y otros que viven en la capital, muchos de ellos son familia y otros portan en su apellido la ciudad de origen en Andalucía.




Cerca de Ciudad Real una gran construcción con una tipología peculiar. A pocos Kilómetros de la ciudad, en medio del campo, un edificio de planta casi cuadrada de unos 23×25 metros que tiene en su centro un espacio abierto de 18 metros resultando una construcción perimetral de apenas 3,5 metros de ancho en todo su perímetro. Gruesos muros exteriores dejan un pasillo central para el acceso y los nidales circulares a ambos lados. La cubierta de teja árabe de todos estos espacios apoya en una ligera estructura de madera que sobresale de los muros de cerramiento y se marca con una teja que la cubre exteriormente.

Un acceso en el centro de uno de los lados de la construcción da acceso al patio interior. En esa entrada dos accesos, uno a cada lado, dan paso a las galerías que recorren el interior del palomar. Prácticamente se generan cerca de 100 metros de recorrido en cada uno de los lados lo que supone 200 metros de paramento para los nidales. Huecos circulares con 12 alturas en vertical y unos 5 huecos por metro dan más de 10.000 nidos de palomas en la totalidad del palomar. La importancia de la construcción se reconoce en la toponimia del lugar que, en los planos de la zona la identifica como Palomar. Se recorre el interior pocas veces al año para sacar la palomina o para retirar pichones. Cuando se quiere capturar a las palomas se cierran las entradas y se abren solamente los huecos en los que se colocan las redes donde las palomas se ven atrapadas al intentar salir.

En el patio central unas ventanas para la entrada y las salidas de las palomas que se pueden cerrar con unas puertas correderas metálicas que se suben cuando se quiere impedir la salida de las palomas controlando así el acceso del palomero al conjunto. La tipología de este palomar lo hace singular en su construcción y en sus dimensiones. Tanto el palomar como otras edificaciones próximas de la finca, de gran interés, documentan el edificio ya  a mediados del siglo XIX. Un ejemplo de gran calidad de una arquitectura popular que sus propietarios conservan aunque ya los usos han quedado en alguna manera obsoletos. Las palomas siguen acudiendo con la existencia de agua y buscan su alimento en el entorno, teniendo en el palomar el refugio y el lugar de descanso, si bien en menor cantidad que en otros tiempos.

Los dibujos del libro de Salvador Castelló dejan constancia de esta instalación que sigue en pie como testimonio de una arquitectura popular de excelente calidad.

Espacios Diego Peris Sánchez


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